La
conveniencia horaria era mutua. Se juntaron frente al banco octavo, de derecha a izquierda, en el frontis del parque nacional de la ciudad, a las seis menos
treinta pm. cuando los rayos solares eran menos intensos y cada vez desistían
progresivamente en la lucha por sobrevivir frente a la inminente noche. No
hacía ni calor, ni frío. Ella, retrasada por tres minutos, él, por seis. Se
vieron desde lejos a las cinco y treintaicinco minutos. Él, absorto en quizás
qué, la vio momentos después que ella, no obstante ella lo vio una vez pudo ser
visto, aunque un poco borroso pues era una persona con una baja visión. El
viento fue testigo del simple encuentro, y ambos lo notaban con gran evidencia,
pues susurraba en intervalos precisos y constantes, armónicos y sonoros. Una
orquesta se había planteado enjambrada y con demasiados testigos como para
hacer oídos sordos frente a todo el espectáculo: las montañas se mostraban
indecisas mirando desde lo lejos y alto, preguntándose si la obra sería lo
suficientemente buena como para establecerse al final del pasillo; las escasas
nubes que por allí ululaban parecían perros vagabundos que perseguían a dos
enamorados a la vez que movían la cola en muestra de su interminable cariño;
los árboles oscilaban de uno a otro, contándose secretos ocultos mediante un
extraño lenguaje desflemado que simulaba el deterioro de su cabello
amarillento, opaco y quebradizo; el polvillo dejado por el hogaño tierral se
levantaba y charlaba con la suela del zapato del hombre cada vez que, en su
prisa de común atrasado, los balanceaba a ras de piso aceleradamente; los
extraños que por allí andaban parecían maniquíes que, inquietos por no saber
hacia dónde dirigir sus miradas, observaban los rostros de otros extraños que
también hacían de maniquíes, mientras dos vibraban en movimientos y se
escapaban de tal cometido; las vestimenta de los transeúntes, que antaño fueron
ovejas u otros animales felpudos, querían volver a la vida al ver gustosa
escena; todo, finalmente, todo estaba configurado para que aquellos dos
enamorados se encontrasen. Ella, inevitablemente, no pudo molestarse por el
retraso, pero la conveniencia era mutua, y no tan solo eso, era una
conveniencia integral pues así lo había decidido el paisaje. Se tomaron de la
mano sin decir absolutamente nada y caminaron a través de aquellos
observadores.
Lacan, para ordenarse frente al problema que le presenta la resistencia como temática, utiliza el texto de Freud "Sobre la dinámica de la transferencia". Pero no solo ese, también para zurcir este tejido multicolor alrededor de la resistencia se vale de los textos "Psicoterapia de la histeria"; la "Tramdeutung"; el caso del Hombre de los Lobos; Lecciones introductorias al psicoanálisis; psicopatología de la vida cotidiana Los cuales representan iteraciones, recordando que procede Lacan ante la lectura de la letra Freudiana como si de un psicoanálisis se tratara, es decir, toma al texto y evidencia en ellos elementos que se repiten, que mantienen una misma relación. De esta forma lo que los estaría enlazando entre sus formulaciones vendría a ser el lugar desde donde emana la resistencia: desde lo que ha de ser REVELADO, es decir, desde lo REPRIMIDO. Empieza así Lacan con un análisis sobre el vínculo, sobre la relación que existe entre transferencia y resis...
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